domingo, 19 de abril de 2009

José Comas

LNE. http://www.lne.es
El libro «Crónicas del linfoma» recopila las narraciones del asturiano José Comas sobre la lucha contra el cáncer que acabó con su vida hace un año


Oviedo

«Soy espectador de mi propio mal y espero poder mantener esta posición hasta donde sea necesario». Ésta es la fría, matemática, declaración de principios con la que el periodista asturiano José Comas acometió el reto que él mismo se había planteado: relatar en vivo y en directo su lucha contra el cáncer, su batalla frente a un linfoma que, finalmente, acabó con su vida el 22 de marzo de 2008. Tenía 63 años.

«Crónicas del linfoma» es el título del libro que recoge los relatos que el periodista natural de Cangas de Onís remitió a un grupo de amigos cercanos desde Alemania, donde ejercía como corresponsal del diario «El País». Este rotativo -al que dedicó buena parte de sus 35 años de ejercicio del periodismo- recogía en su edición de ayer un anticipo del citado volumen, publicado por Rey Lear Ediciones y que saldrá a la venta el próximo día 11.

Como si de una crónica bélica se tratara, Comas combina en su epistolario mensajes llenos de emoción, de distanciamiento de la enfermedad y de fina ironía. Y todos ellos impregnados de la maestría de quien lleva décadas observando la realidad y tratando de transmitirla con el máximo rigor... y no pocas gotas de sentido del humor.

¿Ejemplo? Uno que denota su pasión por Asturias, más fuerte que los largos períodos de lejanía geográfica: «Si todo sigue mal, tendré que encargar al "gaiteru" para que toque "Asturias patria querida" y me tiráis al Sella». Otro ejemplo que evidencia las secretas complicidades que surgen entre quienes comparten experiencias extremas: «Me sentí muy unido al sufrimiento de Wojtyla (Juan Pablo II). Me gustaría morir como él, con las botas puestas, enviando una crónica». Un tercer testimonio que discurre por la senda del sarcasmo: «El trasplante de médula a Stefan Morsch, que sufría leucemia, fue todo un éxito. El paciente se murió de neumonía».

El relato comienza así: «Los médicos han diagnosticado en Berlín que José Comas, de 60 años, corresponsal en Alemania del periódico español "El País", padece un linfoma de tipo maligno que responde al nombre de No Hodgkin. Se trata de "una afección en la cual se forman células cancerosas en el sistema linfático", según la definición del National Cancer Institute de Estados Unidos».

Y prosigue: «Tanto Comas como No Hodgkin se encuentran en perfecto estado de ánimo y dispuestos para darse de hostias en una pelea a muerte con incierto desenlace. Se trata de un combate en el que vale todo, sin que tengan vigencia las normas de la Convención de Ginebra. Por este motivo, Comas está dispuesto a atacar a No Hodgkin con armas químicas».

Son varios los pasajes en los que José María Comas Vega, o José Comas en su firma periodística, o Pepe Comas para los más allegados, echa mano de sus orígenes. «Comas, que es asturiano y ejerce como tal, se ha mostrado dispuesto a no recurrir ni a la peluca ni a los grupos de terapia». Pero aún más omnipresente está su prisma profesional, que casi determinaba su modo de enfrentarse a la pelea cotidiana: «Afronto la situación con lo que yo defino como "mentalidad periodística" y lo aplico al caso. Se trata de imbuirse de la posición del espectador no involucrado».





1 comentario:

Fernando Comas dijo...

Gracias por la nota.
Se aprecian estas cosas.