lunes, 10 de noviembre de 2008

HISTORIA DE LA COFRADÍA DE COVADONGA EN MÉXICO

Hugo Roca Joglar

Es posible identificar una comunidad asturiana durante los dos primeros siglos de virreinato en la Nueva España, pero es hasta la segunda mitad del siglo XVIII, merced a una nueva camada de peninsulares asturianos asentada en la ciudad de México durante los virreinos de Juan de Acuña y Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta, que surge la imperiosa necesidad de consolidar una fraternidad.

La figura que dicha congregación adoptaría fue tema de discusión por más de tres décadas y tal vez se hubiese perpetuado indefinidamente de no ser por un cúmulo de hombres que decidieron abandonar quejas y pretextos y fecharon para el 11 de septiembre de 1785 la conformación de una Cofradía.

La reunión se llevó a cabo “en la casa de la morada del Señor D. Cosme de Mier y Trespalacios”, donde estuvieron presentes “varios originarios y descendientes de los que han sido del Principado de Asturias” para “la Fundación de la Congregación de María Santísima que con el Título de COVADONGA se erige con FACULTAD REAL, y la aprobación del Ilustrísimo Sr. Arzobispo de esta Diócesis”, el documento, firmado por “el Lic. do. D José Antonio Noriega Escandón, escribano de Su Majestad”, se encuentra en Querétaro, bajo el resguardo de los dominicos, desde 1985.

Dentro de los cofrades fundadores se encuentran: Juan de Mier y Villar, primer prefecto de la Cofradía e “Inquisidor Decano del Santo Oficio de la Inquisición de esta Nueva España, natural del Obispado de Oviedo”; Ramón Posada y Soto, “Consejero de Su Majestad y su Fiscal de Real Hacienda, natural de la Parroquia y Concejo de Cangas de Onís”; Gregorio Omañana, “Tesorero de la Santa Iglesia de esta Corte, natural de Santiago Tianguistengo y su padre, nacido en Gijón, murió siendo Obispo de Oaxaca”; Cosme Mier y Trespalacios, “Oidor de la Real Audiencia y Cancillería de esta Nueva España, natural del Obispado Oviedo”; José Ruiz de Conejares, “Canónigo de esta Santa Iglesia y Provisor y Vicario de este Arzobispado”; Joaquín de Posada y Soto, “Coronel de los Reales Ejércitos y Gobernador del Real Fuerte, natural de la Parroquia y Concejo de Cangas de Onís”; Pedro Alonso de Alles, “Tesorero de la Santa Cruzada”; José Antonio de Noriega, “Oficial mayor del secreto del Santo Oficio de la Inquisición de esta Nueva España, natural del Obispado de Oviedo”; Manuel del Valle, “vecino y del comercio de esta Corte, natural del Lugar de Camango”; Francisco Pérez, “natural de La Borbolla, Concejo de Llanes”; José Antonio Burillo, “asentado en la Congregación como el escribano que extendió la primera Junta General, natural del Obispado de Valladolid”; Francisco Antonio del Río Sánchez y su hermano Juan Antonio, ambos naturales del Consejo de Llanes; Ambrosio Llanos Valdés, “Racionero de la Santa Metropolitana Iglesia, originario del Principado”; Antonio Blanco, “Religioso Franciscano, Definidor y Vicario del Convento de Santa Clara de esta Corte, natural del Obispado de Oviedo”; Francisco Pesquera, “natural del Lugar de Reles en el Consejo de Llanes”; Manuel Obin, Religioso de N. P. San Agustín, natural del Obispado de Oviedo”; Rosalía de Llano, “Camarera de la SSma. Virgen, natural del Obispado de Durango y se asienta en la Congregación en conformidad con las constituciones”; Juan González Candamo, oficial de Correos de este Reino de la Nueva España, natural del Principado; Lorenzo Sordo y Guanes, “Vecino y del comercio de méxico (sic), natural del Consejo de Llanes.

Las mujeres no pudieron ostentar cargos en la Cofradía hasta entrado el siglo XX; por ello llama la atención el nombre de Rosalía de Llano, “era la camarera”; las labores de las camareras se reducían a cuidar las imágenes y el altar, “no podía hacer nada más, pues se aclara que su incorporación a la Cofradía está en conformidad con la constitución”.


Con la Virgen de Covadonga como estandarte, la recién establecida Cofradía se constituyó para ofrecer hermandad y cobijo a todo asturiano que inmigrara a la Nueva España y recrear en su seno las tradiciones culturales que identificaron a los antiguos pobladores del actual Principado ubicado en el noroeste de España.

Tras dos siglos de historia, la Cofradía de Covadonga mantiene inalterable su legado, consecuencia de haber luchado con fiereza en los tiempos de guerra y soportado el desasosiego de las transformaciones con inteligencia y una impasible fortaleza con esencia en un inveterado sentimiento filial.

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